Entrenamiento en Altura (Parte II)

En el post del mes pasado estuvimos hablando de las características físicas que encontramos en altitud y como afecta a nuestro entrenamiento.

En esta segunda parte, hablaremos de los cambios fisiológicos a los que nuestro cuerpo se ve sometido y de qué manera puede afectar a la hora de programar nuestro entrenamiento cuando realizamos una estancia en altitud. Evidentemente son muchas y complejas las respuestas y adaptaciones que sufre el cuerpo, nosotros nos centraremos en explicar algunas básicas y obtener una buena compresión de las mismas.

Cuando hablamos de altitud hay varias cosas que se deben tener muy en cuenta para conocer las respuestas que nuestro cuerpo va a sufrir. Los dos aspectos fundamentales que influirán sobre esta respuestas son la altura y el tiempo que permanezcamos a dicha altura.

En este documento hablaremos de los cambios de las respuestas ventilatorias, cardiovasculares y musculares de una manera básica e intentar explicar que cambios son los que sufren.

Respuesta ventilatoria: Esta ventilación o frecuencia pulmonar se ve aumentada tanto en ejercicio como en reposo.

En altura el rendimiento disminuye ya que el VO2 max también se ve disminuido. Con el paso del tiempo el VO2 max puede aumentar pero nunca llegar a los valores que obtenemos a nivel del mar.

Esto se debe a que en altitud, por cada respiración que realizamos introducimos menor número de moléculas de O2 y por lo tanto necesitamos respirar un mayor número de veces para suministrar la misma cantidad de O2.

Esta respuesta se activa cuando los receptores de oxigeno de la carótida detectan una bajada de O2 en sangre y activan el mecanismo de la respiración.

Respuesta cardiovascular: Desde las primeras horas el volumen plasmático comienza a disminuir progresivamente. Además, el gasto cardiaco aumenta en las horas iniciales y disminuye a medida que nos aclimatamos a la altitud pero al igual que el VO2 nunca vuelve a valores basales que tenemos a nivel del mar.

Esto se debe en parte a la perdida de agua que sufrimos por medio de la respiración por la necesidad de igualar la humedad del aire que tenemos en los pulmones con la que introducimos del exterior.

Por otro lado, la exposición a la altura aumenta la liberación de eritropoyetina, hormona responsable de la liberación de eritrocitos (hematíes). De forma crónica conseguimos que el cuerpo aumente la capacidad para transportar oxígeno a nuestra musculatura.

Estas dos causas generan una sangre más densa y hace que el corazón también tenga que trabajar más para poder movilizarla.

Sistema muscular: Las modificaciones en este sistema son más duraderas que en el resto y son determinantes para nuestro rendimiento.

En este caso la exposición a la hipoxia estimula la capilaridad por lo que la altitud nos ayuda a mejorar la densidad capilar de todo nuestro sistema muscular. Este cambio, mejora el aporte de O2 que podemos conseguir en nuestros músculos, mejorando notablemente en el rendimiento.

Además, el aumento de capilares nos ayuda a eliminar sustratos de desecho como el ácido láctico disminuyendo la fatiga y mejorando la recuperación.

Está claro que cuando nos encontramos en altitud nuestro rendimiento en algún tipo de pruebas como pueden ser las de resistencia pueden verse disminuido. Las estancias en altitud y los cambios que sufre nuestro cuerpo nos ayudara para el rendimiento una vez que termine nuestra estancia.

Finalmente, en el último capítulo sobre entrenamiento en altitud hablaremos de los tiempos mínimos que deben tener las estancias para poder obtener un beneficio, de las fases del entrenamiento en altitud y las estrategias de entrenamiento que podemos realizar.

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