Esguince de tobillo

Una lesión muy común dentro y fuera del ámbito deportivo.

Se entiende como esguince de tobillo a la distensión o rotura parcial o total de uno o varios de los ligamentos que componen la articulación.

Esto ocurre cuando el ligamento es llevado a máxima tensión y no es capaz de soportar la tensión, produciéndose una distensión o rotura de mayor o menor gravedad.

Esta lesión puede llevarse a cabo por un trauma directo o de manera indirecta. La primera sobre todo en deportes como el futbol y de manera indirecta sobre todo en deportes como carrera por montaña donde la superficie por la que se realiza la actividad tiene un componente de inestabilidad importante.

El tobillo está formado por 2 articulaciones:

  • Articulación tibioperoneo astragalina (parte distal del peroné, tibia y astrágalo). Esta articulación nos permite realizar los movimientos de flexo-extensión de tobillo.
  • Articulación subastragalina (formada por la tróclea del astrágalo y el calcáneo). Esta articulación nos permite realizar movimientos de prono-supinación.

Además, la articulación del tobillo lo forman el ligamento lateral externo y ligamento lateral interno que son los encargados de la estabilización pasiva de la articulación.

  • El ligamento lateral interno o deltoideo (denominado por su forma) es el principal estabilizador.
  • El ligamento lateral externo formado por 3 fascículos: peroneoastragalino anterior, peroneo calcáneo y peroneoastragalino posterior. Siendo la porción anterior la que más lesiones refiere.

Es importante conocer los diferentes grados de lesión en los que clasificamos la lesión.

  • Grado I: Desgarro parcial del ligamento que refiere dolor, suele presentar poca inflamación, la funcionalidad se mantiene y no presenta una inestabilidad significativa.
  • Grado II: Desgarro incompleto del ligamento con incapacidad funcional que refiere dolor, gran inflamación, hematoma y presenta impotencia funcional e inestabilidad articular incluso en movimientos pasivos.
  • Grado III: Rotura completa del ligamento que refiere dolor, gran hematoma y una inflación inmediata. La inestabilidad e impotencia funcional es total, llegando a ser imposible hasta el apoyo del pie.

Inicialmente hay que tratar el dolor y el proceso inflamatorio acompañante, cuya duración depende de la respuesta inflamatoria y de la gravedad de la lesión. Una vez hemos tratado el dolor y la inflamación nos ocuparemos de la inmovilización de la articulación, cuya técnica variará en función del grado de lesión.

En grado III en ocasiones se suele recurrir al tratamiento mediante cirugía para reparar el ligamento, aunque no se realiza este tratamiento en todos los casos.

Si realizamos una mala rehabilitación de la lesión podemos obtener como consecuencia una articulación inestable de manera crónica y una mayor probabilidad de volver a sufrir una lesión.

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