HISTORIA DE LA ELECTROESTIMULACIÓN

Por Carlota Díez Rico. Educadora Física. Colegiada 52.838.

La electroestimulación no es algo nuevo. Parece tecnología de la NASA cuando llegamos a un centro F.A.S.T., pero nada más lejos de la realidad, ya que hace miles de años ya se dieron cuenta de las propiedades de la electricidad para excitar la contracción muscular.

Os preguntaréis cómo es posible que hace miles de años ya relacionaran electricidad y estimulación, si no fue hasta el siglo XVIII que se comenzó a emplear el método científico para averiguar las propiedades de la electricidad de la mano de Volta, Galvani o Benjamin Franklin, entre otros. Pues muy sencillo, es que esto de la electricidad se remonta muchos miles de años atrás, y curiosamente muchas las pesquisas realizadas y su utilización se ubican en el ámbito terapéutico.

Como veremos en este artículo, muchos personajes históricos que resuenan en nuestras cabezas ya emplearon la electroterapia.

Tales de Mileto, allá por el año 600 a.C., era considerado un gran filósofo, de hecho fue uno de los siete sabios de Grecia. Pero los sabios de aquella época tocaban varios palos, por lo que Tales no solo fue grande por trascender más allá de la mitología, o por las matemáticas, sino que también hizo grandes aportaciones en otros campos, ya que intentaba explicar todo aquello que sucedía en la naturaleza de manera racional.

Estando Tales de Mileto con sus discípulos observó que al frotar el ámbar con su vestimenta conseguía atraer otros cuerpos, como paja, plumas, etc. En ese momento descubrió el poder del rozamiento de un material con otro… Fue el descubrimiento de la electroestática, de la electricidad. Pero no solo eso, sino que también algunos cuentan que utilizaba la descarga eléctrica producida por el pez torpedo para el tratamiento de algunas artralgias.

Se tienen referencias egipcias mucho más antiguas, del 3.000 a.C., en los jeroglíficos de Horapollo sobre cómo aquellos hombres ya conocían las capacidades eléctricas del pez gato, y eso hacía que lo considerasen protector de los otros peces. En el 400 a.C. en un diálogo de Platón a Sócrates se hace referencia, como metáfora, al pez torpedo, indicando sus capacidades paralizantes.

Aunque en muchas lecturas indican que Tales de Mileto ya había aplicado el pez torpedo para tratar, como dijimos antes, realmente la referencia con más peso pertenece a “EscriboniusLargus, un físico del siglo I a.C. que escribió un formulario de prescripciones donde ser recomendaba, entre otros, el uso de un torpedo para el tratamiento del dolor de cabeza y la gota, situando un torpedo negro vivo sobre el órgano dolorido” (Miguelez, Liaño y López-Plaza, 2001).

Más tarde, en el siglo III d.C., Galeno también se introdujo en la electroterapia, comparando los efectos producidos por estos peces eléctricos y lo que llamamos ahora crioterapia.

Entre tanto, en siglos posteriores se seguían utilizando peces con propiedades eléctricas para tratar la gota, la parálisis facial, y otras muchas afecciones.

En pleno renacimiento Gilbert fue el que sentó las bases y la terminología de la electricidad, y unos años después Otto von Guericke inventó la primera máquina eléctrica. El gran salto científico se produjo a mediados del siglo XVIII con el invento de Von Kleist y Van Musschenbrock: la botella de Leyden. Esta botella permitía almacenar y transportar la electricidad. Fue entonces cuando surgieron grandes dudas al comparar las propiedades de este invento con las de los peces eléctricos.

Ya entonces la energía eléctrica producida por máquinas comenzó a sustituirse a la de los peces como método terapéutico: Edward Brancroft usó las chispas generadas de la botella de Leyden para efectos terapéuticos, con pacientes que padecían gota, parálisis, dolores de cabeza y fiebre.

A raíz de estos descubrimientos Galvani (finales del siglo XVIII) se sintió tentado a unir la anatomía con la electricidad. Fue su experimento en ranas lo que realmente, desde mi punto de vista, revolucionaría lo que hoy conocemos como electroestimulación neuromuscular. “Describió cómo las ancas de rana se contraían cuando un arco formado por dos metales diferentes, colocados en serie, toca simultáneamente los nervios de las ancas y la médula espinal” (Miguelez, Liaño y López-Plaza, 2001). Él estaba convencido de que las células vivas del cerebro podían generar electricidad, almacenarla, y liberarla en forma de contracciones musculares.

Volta cuestionó la teoría de Galvani, indicando que las ancas de rana se contraían debido al contacto con los otros metales sumergidos en solución salina. Y aquí surgió el debate… Ambos aportaron ideas muy interesantes, y ambos tenían su parte de razón. Gracias a esto Volta se empeñó en imitar los órganos bioléctricos de los peces torpedo de forma artificial y… ¡voîla! ¡Nació la pila! Y es que la electroestimulación ha aportado mucho más de lo que nos podemos imaginar…

Entre esas grandes aportaciones está la siguiente: hoy en día sabemos que la acetilcolina es un neurotransmisor importantísimo en la contracción muscular, pero esas ansias de investigar con la electricidad en un cuerpo fueron lo que llevaron a Du Bois-Reymond, en el siglo XIX, a demostrar que los nervios y músculos eran electrogénicos y que tendría que haber una sustancia con la capacidad de transmitir los impulsos nerviosos. Posteriormente se pudo comprobar que las concentraciones de acetilcolina eran muy elevadas en el pez torpedo.

También en el siglo XIX Faraday descubre la inducción eléctrica y la incorpora en la terapéutica. A pesar de todos los avances que se estaban produciendo, a finales del siglo XIX la electroterapia cae en desuso tras las críticas encabezadas por Moebius.

No es hasta los años 80 del siglo XX que vuelve a retomar auge la electroterapia, pero 20 años antes el profesor Kotz se dio cuenta cómo las corrientes rusas (o corrientes Kotz) eran capaces de ayudar al rendimiento deportivo y favorecer, incluso, el trofismo muscular. Por aquel momento la electroestimulación para el entrenamiento se empleaba con corrientes incómodas. Poco a poco se fue mejorando, hasta que en 1996 Compex sacó el primer electroestimulador portátil pensado para el deportista.

En las últimas dos décadas la ciencia ha ido aportando conocimientos sobre la aplicación de la electroestimulación neuromuscular para el ejercicio físico, y a su vez los aparatos han ido mejorando en comodidad y tecnología.

 

La EMS Integral Activa es de reciente creación, no hace ni una década que en Europa comenzaron a surgir fabricantes de trajes electroestimuladores. Ahora, tras el surgimiento de este material, queda sumar más evidencias a qué sucede cuando se electroestimulan muchas zonas corporales a la vez.

Como vemos, la electroestimulación se lleva aplicando miles de años… Las únicas novedades van surgiendo en el formato, los nuevos avances tecnológicos y los usos. Seguimos haciendo Historia…

 

Como sabes, si quieres probar esta tecnología, puedes visitar a nuestro centro más cercano. Contamos con centros de electroestimulación en Leganés, Marbella, Benidorm, Villalba, y muchos más sitios.

 

Referencias:

 

  • Miguelez, Liaño y López-Plaza. Sobre peces eléctricos y algunos avances científicos. Notas históricas. Revista Española de Física. 15(4), 2001.
  • Martín Cordero. Agentes físicos terapéuticos. Editorial Ciencias Médicas. 2008.
  • Pombo-Fernández et al. La electroestimulación: entrenamiento y periodización. Editorial Paidotribo. 2004.

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